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Dos días en Dolomitas en familia.

Si queréis hacer una ruta de paisajes llenos de valles, montañas, lagos, que alucinará a grandes y pequeños… pasar dos días en Dolomitas en familia es ideal.

La pasada Semana Santa viajamos a Eslovenia, pero dimos un pequeño rodeo previo.

No hay vuelos directos desde Madrid y los que hay con escalas son caros. Y nosotros intentamos hacer en la medida de lo posible vuelos directos. Así que esta vez pensamos, ¿por qué no empezar desde Italia? Y como teníamos días suficientes así lo hicimos.

Volamos con Iberia a Bolonia y desde allí visitamos Sirmione y Verona, como os contábamos aquí. Y tras ello nos fuimos a pasar dos días en Dolomitas en familia.

Primer día, llegada al Valle de Funes

Dejando atrás Verona, nuestra primera parada fue a comer en un restaurante de Bolzano en el que comimos súper bien. Está a las afueras y es fácil aparcar, está muy bien de precio: Kampill.  De Verona a Bolzano se tarda 1hora y 45 minutos.

Después de comer ya empezamos a ver paisajes impresionantes. Paramos en el Lago Carezza, que no puede estar mejor ubicado con Dolomitas al fondo. Es un lugar con un encanto especial,

Pudimos disfrutar del lago casi para nosotros solos. Es un remanso de paz y la fotografía no hace en absoluto justicia a sus colores. Es conocido como el Lago arcoíris, aunque esos tonos se apreciarán más en verano. Aun así qué bien sienta disfrutar sitios con tranquilidad, cosa muy poco habitual.

Estaban haciendo obras aprovechando las fechas de menos turismo y no tuvimos ningún problema para aparcar. Con niños es muy cómodo y el acceso está bastante bien, puedes rodear el lago y es una ruta muy fácil. Eso sí con bebés os recomendamos mejor porteo. Hay varias rutas que salen del lago y son fáciles para ir con niños.

Dejamos atrás el Lago Carezza y nos dirigimos a nuestro alojamiento. Cuando estábamos a punto de llegar vimos que teníamos un regalazo justo en frente.


Una de las imágenes más icónicas y conocidas del Val di Funes: San Giovanni con las montañas nevadas  al fondo. Llegamos al atardecer y había una luz preciosa, era una imagen de postal. Cuando estuvimos nosotros, que fue en abril 2019, no había que pagar para acceder a la iglesia y pudimos entrar sin ningún problema. Así que todo ese campo fue increíble para nuestro niño, se pegó unas carreras y disfrutó de lo lindo.

La belleza paisajística de esta zona es impresionante. Solo haciendo recorrido en coche puedes disfrutar de sus valles, lagos, montañas nevadas, iglesias tirolesas con sus torres tan características. Además en abril no había casi turismo y da gusto viajar por la zona.

Hicimos una parada para conocer Castelrotto, un pueblo típico tirolés. Sus casas con paredes pintadas y el lugar en el que está enclavado hacen que merezca la pena parar. Rodeado de montañas nevadas es un placer para la vista.

Las dos noches que pasamos en Dolomitas nos alojamos en el Hotel Fallerhof, un hotel cómodo y que cumplió su misión, pero sin duda lo mejor fue el lugar en el que estaba enclavado. Subiendo un poco la montaña a menos de 5 minutos encuentras la iglesia de Santa Maddalena, otro lugar icónico desde el que las vistas panorámicas del valle son perfectas. Además había un banquito estratégicamente puesto que te permitía unas maravillosas vistas de las montañas. Os alojéis donde os alojéis tenéis que subir a ver el mirador porque es un espectáculo.
El primer día no pudo ser mejor.

Segundo día: lagos y montaña

Al día siguiente fuimos a ver uno de los sitios más emblemáticos: el Lago di Braies. Sin lugar a dudas uno de los lugares más fotografiados, pero nosotros no tuvimos la imagen que aparece en Instagram. Esperábamos ver el Lago Braies con ese azul tan especial con las montañas al fondo reflejadas en el agua y cuando llegamos nos encontramos con que el lago estaba totalmente helado y no mostraba su turquesa tan impresionante.


No fue en absoluto decepcionante, al contrario nos encantó verlo helado y disfrutarlo de otra manera. Sobre todo nuestro peque, para él fue muy divertido,  las guerras de bolas de nieve molan mucho. Hicimos un recorrido alrededor del lago, que es igualmente súper cómodo. Con bebés también os recomendamos porteo.

Creo que el del Lago di Braies fue el único parking en el que tuvimos que pagar, el resto de los sitios tenían deshabilitados los pagos.

La siguiente parada fue el Lago di Dobbiaco otra de las maravillas naturales de la zona. Cada lago es más impresionante que el anterior. En este caso el parking estaba cerrado y ponía que no se podía aparcar en la zona del restaurante que hay junto al lago, así que dejamos el coche fuera. Disfrutamos de las vistas y continuamos camino.

Después nos dirigimos a las Tres Cimas di Lavaredo. Viajar en esta época tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes, no pudimos comer en condiciones porque casi todos los restaurantes estaban cerrados. De hecho aquí fue casi imposible hacerlo, comimos muy mal en una especie de tienda de souvenirs/café.

Al menos las carreteras estaban abiertas y pudimos ir a la base de las Tres Cimas di Lavaredo y desde allí contemplamos las famosas cimas y Dolomitas nevados. Había una buena capa de nieve.


La carretera panorámica de subida estaba cortada para los coches por la nieve, dejamos el coche en el parking de abajo (gratuito también en esas fechas) y contratamos con un señor local subir en moto de nieve por 40€ los tres incluidos en el precio dos trineos para la vuelta. La bajada fue lo mejor. Casi siete kilómetros deslizándonos en trineo.


Toda una experiencia, súper divertida. Una delicia, aunque tuvimos un pequeño percance y perdimos un trineo por el camino por parar y no colocarlo bien… pero fue de lo más emocionante. Os lo recomendamos si vais con niños a partir de unos 4-5 años. Estábamos completamente solos no podemos expresar con palabras lo mucho que nos gustó subir en la moto y descender en trineo.


Esa tarde aprovechamos para visitar Cortina D’Ampezzo pueblo muy famoso por los deportes de invierno y que será la sede de los juegos olímpicos de invierno en 2026. Allí merendamos e hicimos compra.

Después nos dirigimos a Brunico, un precioso pueblo tirolés. Dejamos el coche en uno de sus parkings y dimos un paseo por sus calles llenas de casas de colores y un ambiente austriaco de montaña precioso. Cenamos en la Pizzeria Leone d’Oro donde probamos las famosas albóndigas de la zona, las Canederli y tomamos unas pizzas deliciosas.

No os perdáis este pueblito si vais por la zona pues su casco histórico es de gran belleza. Le atraviesa un río y tiene un castillo que podéis visitar si vais con más tiempo.


Dolomitas es muy recomendable y lógicamente se le pueden dedicar muchísimos más días, pero esto fue una toma de contacto para volver haciendo rutas de montaña, esperamos que muy pronto.

Nosotros ya sabéis que organizamos todo por nuestra cuenta, pero si no queréis complicaros podéis hacer excursiones organizadas desde Verona o Milán.

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